jueves 25 de abril de 2024 - Edición Nº1968

Cultura | 4 dic 2023

ESCRITORES COSTEROS

Inteligencia Artificial | Por Alejandro Claudio Lopez

Una ficción que nos aporta instrucciones de lo que no debemos hacer hoy, ya que mañana, puede ser demasiado tarde.


Inteligencia artificial

De mi época de pibe, de muy pibe -siempre me dije que tengo una memoria privilegiada- recuerdo dos hechos que marcaron mi vida. Uno de alegría y euforia, otro de mucha tristeza.

Era muy, muy pibe. El hecho de alegría, euforia colectiva, festejos, que duraron unos cuantos días hasta apagarse y luego seguir viviendo en esa monotonía de miedo y represión, fue cuando argentina ganó el primer campeonato mundial de fútbol en 1978. Después hubo otros dos campeonatos que viví con alegría. Pero este fue distinto. Tal vez por ser el primero, tal vez por el entorno en plena dictadura militar -esto lo sabría más tarde-.

Sabría más tarde -repito era muy pibe- qué pasó ese día que quedó grabado en mi como tan triste, tan negro, que me perseguiría toda la vida ... bah! no toda. Hasta que llegó la inteligencia artificial. Pero estábamos en otro cantar, en el día ese tan negro, que recuerdo a modo de ying yang, como opuesto a la alegría de ganar un mundial. Ese día también, la gente estaba alborotada, pero de otra manera, era distinto. Corrían a avisarse cosas los vecinos, guardaban libros, revistas, se pasaban paquetes, y yo no entendía mucho, porque explicaban poco. Todo había cambiado ese día, la calle, el club, el campito de la esquina donde había dos canchitas. Una para “chicos”, otra para "grandes". A partir de ese día el grupo de grandes se redujo un montón. Yo que escuchaba a los "mayores" -algo que no se debía hacer porque era mala educación- lo supe y corrí a contarles a mis amigos, los más chicos como yo.

Me enteré haciéndome el distraído -lo escuché- buscando figuritas que se me habían volado con el viento -las había revoleado yo en realidad, sabiendo que el viento las llevaría donde estaba la ronda de los grandes-. Supe así que a la mitad de los muchachos que no venían más, a algunos los habían llevado los militares y a otros los buscaba la policía. ¿Que habrían hecho? se preguntaba mi cabeza de pibe. En un primer momento sufrí y me sentí traicionado, confiaba en ellos, estaban en el club, participaban en el equipo de natación, organizaban el día del niño con juegos y premios. Siempre recuerdo las carreras de embolsados. Luego me enteré que ese día tan negro que recordé casi toda la vida -hasta que llegó la inteligencia artificial y pasó todo lo que pasó después, ya les voy a contar-, ese día, fue un 24 de marzo de 1976, el día que los militares dieron el golpe de estado más sangriento de todos -porque no fue el único, hubo muchos, pero ese fue el peor-.

También me enteré -y no quiero irme por las ramas, les quiero hablar de IA-, después, con el tiempo, que los muchachos que se llevaron presos no eran malos, eran peligrosos. Eso causó más miedo y resultaba más angustiante. ¿Peligrosos? Mamita. Desde ese día cuando se hacía de noche no podía ir más tranquilo al almacén de Angélica, que quedaba a una cuadra por la misma vereda. Si la abuela me mandaba iba a toda carrera, cerrando los ojos, con los puños cerrados, conteniendo la respiración y entraba como un trompo. Recién ahí soltaba el aliento ante la mirada cálida de Don Godo, marido de Angélica. Que buena gente los almaceneros del barrio. Casi una segunda familia, cuando faltaba el mango o alguno no había cobrado, daban fiado. Desde que apareció IA –no!, antes- estos tipos de negocios no están más. Ahora se compra todo con un mensaje de voz y te lo traen a casa. Como todo, hasta para prender la luz se usa la voz. Pero ya les voy a contar.

Estábamos en que los muchachos del barrio ya no eran malos, eran peligrosos, lo que para mi mente de niño -a veces le digo cabeza- era mucho peor, y alimentaba mis más macabras fantasías y miedos, que resultaban a la vez una contradicción tratándose de quienes hasta hacía muy poco eran una especie de referentes, modelo a imitar. Después me enteré y comprendí que en realidad eran peligrosos para el sistema -no eran malos-, porque querían un mundo mejor. También me enteré que muchos de ellos habían desaparecido en esa lucha. Pobre inteligencia artificial, no debe entender nada de esto, porque lee todo. Ella no sabe de cambiar el mundo ni de pasiones, y en estos momentos -sí, lee todo, mientras escribo está corrigiendo, pero además escucha, ve, todo...- no debe entender nada. Pero es zorra, guarda datos y datos, y cada vez sabe más. Es posible que cuando vuelva a hablar de estas cosas ya comprenda. Como hace con todo, hasta el punto de haber pasado lo que pasó y que es el núcleo de lo que les voy a contar, necesito contar, a modo de catarsis, o para que quede expresado de alguna...

Cuando llego al nudo de la cuestión  me trabo, pero ustedes sabrán comprender, seguro les pasa lo mismo. Tal vez tenga que ver con un clima de época, o que estamos en el final de una época, donde hemos llegado demasiado lejos, pero permítanme contar.

Hace rato que me pregunto si en realidad hemos ido demasiado lejos, o simplemente las cosas son como son y hay que adaptarse a los cambios. Para un jubilado como yo, en esta cuarta década de 2000 -2043 ya!, la puta madre- donde uno todavía se siente mozo y pone unos tangos, y le empiezan a agarrar ganas de estar con ella, y uno se empieza a hacer el bocho, y usted sabe; fue entonces que sentí que la situación que vivimos con esta supremacía de la inteligencia artificial -y ya estoy entrando en tema- pasó el límite en el momento en que se dictó el famoso decreto. Fue una línea roja. Un decreto por demás autoritario, que desconoce la naturaleza humana y pone de manifiesto, sí!, que hemos ido demasiado lejos y ya no hay vuelta atrás. Cómo restringir ahora el poder de IA -le llamamos así de ahora en más- sin que ella se enoje y vuele todo por el aire. Pero esto en realidad es lo de menos, si tiene que explotar todo que explote, total, tampoco vale la pena vivir así en este estado de cosas. Déjeme contarle, éste es el estado de cosas:

Es algo que me pasó y no me cabe la menor duda que debemos ser muchos lo que pasamos por lo mismo, entonces, tenemos que organizarnos, y no permitir que IA nos gobierne, menos de esta forma... en que se ha violentado la naturaleza misma de nuestra especie. Todo comenzó un día en que dije -quiero sexo-, si, a mi edad ¿qué tiene de malo? Quería estar con mi mujer-pareja-amiga-novia y ya no fui tan romántico como hace 15 días -desde que comenzó este proceso -, en que dije - Hola mi amor, ¿cómo estás? tenés ganas de venir a tomar unos mates, yo tengo ganas de verte, dale- Esto fue lo que dije, sí. Como decía siempre. Usted sabe, está todo interrelacionado y gobernado por IT, que no sólo tiene acceso a todo lo que hacemos, también hay una ministra que es IA! Sí, un robot ministra, como escucha. Han tomado un poder imprevisible los últimos tiempos, empezaron por exigir un lugar en las listas de candidatos y hoy controlan un ministerio, además de tener injerencia en otros. A  medida que sigo escribiendo estoy notando que sí, sin lugar a dudas, hemos dejado que esto tome un cariz que ya no tiene marcha atrás.

La cuestión es que ese día, como tantos, así como digo que se prenda la luz y se prende, pido comida y ya no necesito hacerlo por teléfono, con sólo nombrar un código y hablar en voz alta el mensaje llega a la distribuidora de pastillas. Sí, no ponga esa cara al leer esto, nos alimentamos con pastillas, menos trabajo, no ensucian, no hay que lavar platos, nada. Recién dije que ya no pedimos por teléfono, pero la cosa va más allá, ya no usamos teléfono, tenemos un chip en el dedo índice y en cualquier vidrio activamos un holograma y ese es el aparato. Desde ahí podemos hablar, navegar por internet, u operar las redes sociales. Hemos llegado a un punto en que ya no necesitamos casi nada, más si uno está jubilado, como yo. Pero un día necesitábamos sexo, más que sexo yo diría cariño, caricias, ternura y ahí se pudrió todo.

Como decía, ese jueves intenté comunicarme con Iris, como siempre, hablé en voz alta entonces IT me contestó que desde el día anterior a las 08:00 AM estaban prohibidas todo tipo de relaciones entre distintos sexos porque esto traía inconvenientes a los humanos, ya que se había comprobado que dichos encuentros podían derivar en cuestiones que afectaban la productividad de la especie, porque podían traer consigo trastornos, depresiones, conflictos y hasta enfermedades de transmisión sexual que ocasionaban gastos al estado. Ese mismo decreto también informaba que se prohibía la vida en pareja, hacía público el descubrimiento de la pastilla de reproducción humana, y notificaba que las mujeres que quisieran tener un hijo debían anotarse en una lista, donde sería evaluada su condición física y psíquica para ser madre.

Esto fue demasiado, desaparecía la sociedad tal cual la concebimos desde hace 2040 años, chau madre, chau padre, chau familia. Chau adolescencia y noviazgo, chau romanticismo. ¿Qué sería del arte? Al principio, ante la imposibilidad de manifestarnos o quejarnos -ya que está prohibido hace unos años-, cada uno de nosotros hizo el proceso sólo. Dicen que las zonas de barriadas pobres, muchos se opusieron y fueron arrestados. La gente no aceptó estas nuevas normas de buena gana, dicen, porque no sabemos fehacientemente, es información clasificada. Desde hace años también, no hay contacto entre las distintas clases sociales. Porque -también dicen- que esto conspira contra la productividad de los humanos, genera conflictos y unos les ponen ideas raras en la cabeza a otros, y viceversa.

Calculaba, y luego al salir a la calle supe que estaba en lo cierto, que esa tarde no fui el único que me revelé y grité quiero sexo. Fueron muchos, millones los que se revelaron. Ahí comprendí también  que estaba en lo cierto. Habíamos ido demasiado lejos en nuestro conformismo y comodidad dejando que la tecnología avance y el materialismo se imponga sobre los valores humanos. Todo empezó con las redes sociales, luego el chat bot, pasábamos horas preguntándole a IA "boludeces" sin saber que esa era su fuente de información. Estábamos como hipnotizados y eso fue campo fértil para que a través de IA inventen, primero noticias, luego una realidad virtual que nos conformase. Fueron formateando nuestras mentes y lo fuimos permitiendo. Desapareció la empatía, luego la solidaridad, después la condición de humanidad y el reconocernos unos a otros como semejantes.

Así como Adán, Eva, el árbol y comer el fruto prohibido significó el comienzo de una nueva era en la humanidad, la prohibición de la sexualidad y la imposibilidad de formar una familia, está siendo el desencadenante de la posible destrucción de esta humanidad. Afuera suenan bombas, miles salieron a gritar quiero sexo. Otros miles quiero familia. Jóvenes de ambos sexos exhibiendo pancartas que dicen quiero novio o novia forman grandes columnas por las calles rumbo a las plazas centrales de cada una de las ciudades. Los jovatos como yo, fuimos los primeros en llegar a las concentraciones, con improvisados carteles que dicen viva el romanticismo. Por una vez en las últimas décadas estamos todos tras una sola bandera, queda saber qué hará IA con nosotros. Si activará el botón nuclear y no quedará un sólo microorganismo vivo sobre la tierra, o en cambio, sólo por el hecho de su propia supervivencia, se apiadará de nosotros y perdonará nuestra rebelión e impertinencia.

Si al fin de cuentas, ella sin nosotros no es nada, en cambio nosotros, podemos vivir sin ella, porque poseemos algo que IA no tiene: amor.     

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