jueves 17 de junio de 2021 - Edición Nº925

Cultura | 17 may 2021

HOLISTICA

Teorías sobre el transcurso del tiempo

La pregunta: ¿Qué es el tiempo?, preocupó y preocupa a innumerables filósofos, físicos y matemáticos desde la antigüedad.


 

En los albores de la humanidad el hombre vivía en armonía con los ciclos de la naturaleza: amanecía, desarrollaba sus actividades diurnas hasta que se retiraba el sol, descansaba, volvía a amanecer, repetía las tareas y así sucesivamente.

Lo mismo pasaba con las estaciones del año: estío, florecimiento, despliegue de la naturaleza; seguido por el frío, el repliegue, la caducidad; para finalmente volver a comenzar.

A lo largo de generaciones seguían estas repeticiones, de forma tal que, naturalmente su visión del universo era la de la repetición constante de estos ciclos, sin incluir la idea de un comienzo.

Esta noción se sostuvo en las antiguas China e India, Egipto y Medio Oriente.

En la antigua India el sistema consistía en ciclos inscriptos dentro de otros de mayor duración: el envolvente, era el ciclo vital de Brahma que duraba 311 trillones de años, contenía 100 años de Brahma conformados por días de 8,62 millones de años de duración. Completado el ciclo de Brahma el contador volvía a cero para volver a comenzar.

La idea de la linealidad del tiempo deviene con el judaísmo: en un momento preciso, Dios creó el Universo y a partir de allí comienza a transcurrir el tiempo, en forma lineal. Posteriormente, el cristianismo adhiere a esta visión.

En la concepción judeo-cristiana hubo un comienzo y un Creador, la descripción bíblica del Génesis es explícita y clara en este sentido: “En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra…”

Durante el siglo XX con el desarrollo de los postulados de la física cuántica y la teoría de la relatividad, el mundo científico cuenta con nuevas herramientas para profundizar los estudios respecto al transcurrir del tiempo.

Hoy, la idea del avance sin retrocesos del tiempo admite discrepancias, por ejemplo el Profesor Richard  Feynman, en un trabajo que le valió el Premio Nóbel de Física en 1965, mostró cómo bajo determinadas circunstancias unas partículas subatómicas llamadas positrones pueden hacer breves retrocesos en el tiempo.

A fines del siglo XX el francés Jean Pierre Garnier Malet, presenta conceptos  realmente reveladores: si bien el tiempo es continuo, presenta  instantes imperceptibles que permiten el intercambio continuo de informaciones con el pasado y el futuro, llamados “aperturas temporales”, la Teoría del desdoblamiento del tiempo.

En el año 1930, el sacerdote, físico y matemático George Lemaitre publica en su libro “La Hipótesis del Átomo Primitivo”, los primeros conceptos acerca del Big Bang: el universo está en expansión por lo que en un principio debió haber estado concentrado en un solo átomo, que llamó átomo primitivo.

A partir de estas ideas y con el aporte de astrónomos, físicos y matemáticos como Bertrand Russel, Roger Penrose y Stephen Hawking entre otros, se forja la teoría de la Cosmología Cíclica Conforme (CCC). Con elementos de termodinámica, de la teoría del universo expansivo y el concepto de los agujeros negros y por medio de complejos desarrollos matemáticos, exploran la intimidad de la secuencia temporal.

Postulan que el universo en su conjunto debe ser visto como una  sucesión eventualmente infinita de períodos, cada uno de los cuales da lugar a una historia completa del universo en expansión.

Dicho en términos corrientes, los universos nacen, por ejemplo el Big Bang fue el comienzo del universo actual. Se desarrollan durante miles de millones de años, para desaparecer finalmente en una noche cósmica y volver a renacer en un nuevo Big Bang en forma de otro nuevo.

El tiempo transcurre sin cesar y los universos aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer para volver a extinguirse en un continuo. Según lo visto en el antiguo sistema hindú, un día de Brahma tras otro para cumplir ciclos que completan otros ciclos.

Las bases y desarrollos de estos modelos científicos acerca del tiempo son sólidos y rigurosos, pero se prestan a interpretaciones y fantasías.

Por ejemplo el escritor Julio Cortázar en su cuento El Perseguidor, narra  cómo su protagonista viajando en el subte recuerda momentos de su vida y cree que ha estado pensando en ello durante quince minutos, cuando en realidad sólo transcurrieron noventa segundos, que es el tiempo de recorrido entre dos estaciones seguidas, está experimentado un doble tiempo. Se cuestiona: “¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?” “Viajar en el metro es como estar metido en un reloj”

Parecería que lo más prudente es aplicar aquí el pensamiento acerca del tiempo de  San Agustín: "¿Qué es el tiempo?, si nadie me lo pregunta lo sé. Pero si quiero explicarlo a quien me lo pregunta no lo sé".

 

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