viernes 07 de mayo de 2021 - Edición Nº884

Política | 19 abr 2021

EDUCACION

Número mata relato: pese a su doble discurso, el PRO bajó el gasto educativo en CABA, Provincia y Nación

El presupuesto educativo 2021 de la CABA es el más bajo de la gestión PRO. Como Presidente, Macri recortó un 35% los fondos en educación. Vidal hizo lo suyo en PBA, con un recorte del 27%.


La decisión de Alberto Fernández de suspender la presencialidad en los colegios del AMBA por dos semanas terminó de desatar un conflicto político que latía cada vez más fuerte. Campaña modo on, el PRO se volcó definitivamente a la confrontación, ya no con las apariciones de Bullrich o Macri, que nunca manejaron otro registro político que la más irracional de las polarizaciones, sino con la radicalización del dialoguismo larretista. Lo que se amagó como un quiebre definitivo en septiembre del año pasado por la quita de un punto de coparticipación a la CABA, parece hoy haberse vuelto una realidad sin retorno, con el escenario electoral por delante. Finalmente, las palomas se decidieron a cambiar su plumaje por el de los halcones.

Pero si se observa cómo gestionaron (y gestionan) las políticas educativas durante sus gobiernos y se las contrasta con la pose marketinera que el larretismo actuó este jueves, más que halcones les cabría el nombre de caranchos. Y es que tanto en la CABA, donde gobiernan ininterrumpidamente hace  catorce años, como en sus fugaces mandatos al frente de Nación y la PBA, el resultado de las gestiones PRO fue siempre el mismo: una brutal caída en los recursos destinados a la educación, tanto en cuestiones estructurales como la infraestructura, como también en políticas educativas y los salarios del personal docente. Aunque hoy graznen y cacareen en los grandes medios y la Justicia, número mata relato, y el PRO no tiene una sola cifra de la cual agarrarse para justificar su caranchismo electoral en el momento más penoso del país.

EL PRESUPUESTO MÁS BAJO DESDE QUE GOBIERNAN

Aunque Larreta y Soledad Acuña sobreactúen una supuesta preocupación por la educación de porteños y porteñas, lo cierto es que desaprovecharon oportunidades concretas para materializar las buenas intenciones que muy bien saben declamar en conferencias de prensa o en reuniones por Zoom. La primera fue en 2020. El que terminó siendo un año sin clases, fue también un año sin reformas edilicias, sin mejoras concretas en la conectividad, sin diseño de estrategias de movilidad que previeran una situación como la actual, por citar algunas cuestiones que hoy podrían estar marcando una diferencia. Únicamente con el voluntarismo de adelantar el inicio de clases unos días, se arrancó el ciclo lectivo en las mismas condiciones estructurales pre pandemia. Resultado: la implementación de los protocolos terminó llevando a que los y las estudiantes tuvieran en lo que va de 2021 menos tiempo concreto de clases que en el mismo período del 2020, a raíz de los numerosos aislamientos preventivos de burbujas producto de los casos positivos, según informaron desde UTE. Previsible, aunque se le haya escapado al gobierno de la planificación.

En segundo lugar y en relación a lo anterior, la gestión Larreta también pudo haber traducido hacia fin de año todas las críticas que su Ministra de Educación esbozara en noviembre hacia los y las docentes en un presupuesto acorde a esas posturas, que demostrara esa vocación transformadora del sistema educativo que tanto pregonan. Pero hizo todo lo contrario. El 17,18% asignado a Educación en el Presupuesto 2021 de la CABA es el más bajo en todos los años de gobierno PRO. De hecho, la partida viene perdiendo participación en el total presupuestario ininterrumpidamente desde hace una década.

Cuando Macri asumió la Jefatura de Gobierno en 2007, el porcentaje del presupuesto asignado a la educación rondaba el 30%. En 2011, al término de su primer mandato, la partida representaba un 27% del total. La “herencia M” que Larreta tuvo que aceptar cuando accedió a su primer mandato a fines de 2015, fue un presupuesto con solo un 22% destinado a Educación. Progresivamente ese porcentaje se fue reduciendo año a año hasta llegar a este 2021, en el cual la fuerza política porteña hizo de la educación su principal bandera de confrontación con el Gobierno Nacional, al mismo tiempo que redujo los recursos destinados a esa partida en su distrito madre a su mínimo histórico.

El aumento nominal para este 2021, año en que debía recuperarse en términos educativos el costoso proceso de confinamiento 2020, fue de casi 22 mil millones de pesos más que el año pasado. Esto representó un 26,9% de aumento con respecto al presupuesto 2020, que cruzado con el 29% de inflación proyectada por el propio Gobierno de la CABA arroja un recorte en términos reales de 2,1%. Y, si se lo compara con las expectativas inflacionarias de más del 45% que el mercado cambiario planteó desde finales del 2020 y que numerosos referentes y economistas PRO agitaron y siguen agitando, el ajuste real supera el 7%.

Las áreas en las que estos recortes más se expresan son, paradójicamente, aquellas cuestiones que hubiera resultado necesario reforzar para afrontar una segunda ola de la pandemia de la que nadie dudaba. De los 3.600 millones destinados a mantenimiento escolar en el presupuesto 2020, se pasó a 3.400 millones en 2021, una quita del 6,4% en términos nominales y de más del 40% si se proyecta una inflación alrededor del 35%. En cuanto a la construcción de nuevos establecimientos, el ajuste es aún más feroz. De los 3 mil millones presupuestados en 2020 para dicho fin, se baja a 1.400 millones para el corriente año, lo cual representa una baja del 97% considerando la inflación interanual. En otras palabras, aunque Larreta y Acuña se llenen la boca hablando de garantizar las clases presenciales, las obras en infraestructura edilicia que proyectaron para, por ejemplo, garantizar mayor superficie en aulas que permitan las divisiones en burbujas, o el mantenimiento de los establecimientos existentes para su total aprovechamiento, se redujeron al menos a la mitad del ya magro 2020.

Otra área importante que sufrió el tijeretazo larretista es el de las becas estudiantiles. De los 1.500 millones en 2020, sólo se planteó subir este ítem a 1.600 millones en 2021, un mísero aumento nominal del 6,67%. Con la inflación del 13% en este trimestre confirmada ayer, ya a esta altura del año puede hablarse de un recorte real del 6% en las becas, y todo lo que crezca la inflación de aquí en adelante engrosará ese vergonzoso porcentaje. Por su parte, la Dirección de Gestión Estatal también sufrirá una baja interanual del 4,9%, los Programas de Extensión y Capacitación de un 25%, la Escuela de Maestros tendrá 16,7% menos de recursos, y Fortalecimiento de la Comunidad Educativa contará con un 18,3% menos. Todos ajustes que irán creciendo en la medida en que la inflación se más alta de lo proyectado, excepto que el Gobierno destine partidas extrapresupuestarias a estos ítems, lo cual iría en contra de su tendencia histórica a la sub ejecución presupuestaria educativa. Por otro lado, vale resaltar aquí también el contraste entre el recorte en Educación y el alza de otras partidas, mucho más identitarias para el PRO, como Seguridad o Publicidad y Propaganda, concepto para el que se destinaron 6,6 millones diarios en 2021.

DE LA BOCA PARA AFUERA UN LARRETA, DEL GOBIERNO PARA ADENTRO OTRO

Las incongruencias entre el discurso de Larreta y la realidad de su gestión no se agotan, sin embargo, en la cuestión educativa. El Jefe de Gobierno criticó el no cumplimiento de plan de vacunación por parte del Gobierno Nacional, y avanzó en la idea de declarar esencial al personal docente para contradecir el anuncio de Fernández de la vuelta a la virtualidad por dos semanas. Esa línea fue acompañada por su partido con sendas presentaciones legislativas, en Diputados encabezada por Cristian Ritondo, y por el bloque de Senadores de la legislatura bonaerense, para declarar a la educación cono servicio público esencial. Sin embargo, tal como declaró hace unos días la Secretaria General de Ademys, Amanda Martinez, en la ciudad de 110.000 docentes sólo 16.000 recibieron la vacuna contra el COVID, en una relación que supera el 10 a 1 si se compara con los docentes que fueron vacunados en la Provincia. No sería un mal gesto del Jefe de Gobierno avanzar en esa vacunación antes de criticar el plan nacional o de declarar esenciales a los y las docentes.

Otro ejemplo puede encontrarse en seguridad, donde el oficialismo porteño se quejó a los gritos y llevó a la Corte la quita de un punto de coparticipación por parte de Nación el año pasado, aduciendo que no tendrían recursos suficientes para garantizar el servicio a su población. Sin embargo, desde enero se lo ve al vicejefe Diego Santilli regalando patrulleros de la Ciudad a los municipios amigos de la Provincia, distrito que quiere gobernar en 2023.


Tal vez lo que más expresa el caranchismo político del Jefe de Gobierno en su actual modo electoral, sea su sobreactuado agradecimiento a los trabajadores y trabajadoras del sistema de salud, aprovechando la pésima e imperdonable expresión de Alberto Fernández en su anuncio, cuando manifestó que el sistema se había "relajado". Sólo basta recordar aquí que la Policía de la Ciudad, comandada por Larreta, reprimió en septiembre del año pasado, en pleno pico de la primera ola, a trabajadores de la salud que se movilizaron a la Legislatura porteña con una serie de reclamos entre los que estaban mayores controles en el cumplimiento de los protocolos, y el reconocimiento de enfermeros y enfermeras como profesionales de la salud. El reclamo venía de 2018, cuando la Legislatura PRO aprobó una Ley que eliminaba la carrera profesional en el Sistema Público de la Salud en la Ciudad de Buenos Aires. De la boca para afuera una cosa, del gobierno para adentro otra.

2016–2019: REDUCCIÓN DEL 35% EN EL PRESUPUESTO EDUCATIVO NACIONAL

En su imperiosa necesidad por aparecer en un mapa político que cada vez le ofrece menos espacio, luego del estruendoso e inocultable fracaso de su gestión como Presidente, Mauricio Macri se adelantó con un tweet ayer a la conferencia de Larreta para expresar que las escuelas debían seguir abiertas, y luego instó a los Intendentes bonaerenses de JxC a sostener la presencialidad en sus distritos. Sin embargo, su tendencia a reducir los recursos para la educación durante sus mandatos en la CABA, distrito que asumió con un 30% del presupuesto destinado a esa partida y abandonó en 2015 con un retroceso de ocho puntos porcentuales en ocho años, se confirmó y se profundizó durante su gestión como Presidente. Entre 2016 y 2019, la educación sufrió un recorte en términos reales del 35%.

Así lo expresó el año pasado un informe del observatorio UNIPE, elaborado por un equipo de investigadores de siete universidades entre las que se cuentan la de Avellaneda, Quilmes, Tres de Febrero, General Sarmiento, San Martín, y la UBA a través de su Facultad de Filosofía y Letras. El informe destaca cómo la partida para educación pasó de representar el 7,8% del total presupuestado para el año 2016, presupuesto elaborado por la última gestión de CFK, al 5,1% para 2020, último presupuesto nacional elaborado por la gestión Macri.

Durante ese período, algunas de las partidas más afectadas fueron: Políticas Socioeducativas, que involucra actividades transversales a los niveles de enseñanza y las modalidades, y terminó en 2020 representando sólo un 6% de lo que significaba en el presupuesto 2016, es decir, un recorte del 74% en términos reales. Infraestructura y Equipamiento, que en lo presupuestado para 2020 fue un 75% menor de lo que el último mandato de CFK había estipulado para 2016. Educación Técnica, que entre 2018 y 2020 vio reducido su presupuesto a una tercera parte, y comparado con 2016 tuvo una caída de alrededor del 70%. En esta partida, además, el macrismo incumplió la Ley nacional Nº 26.058 de educación técnica, que en su art. 52 manda a invertir al menos el 0,20% del total de los Ingresos Corrientes previstos en el Presupuesto Anual Consolidado para el Sector Público Nacional. En 2019 sólo se destinó el 0,10% de ese total, y en 2020 el 0,04%, para un sector de la educación profundamente ligado con las posibilidades laborales de la población y la productividad del país.

Los jardines de infantes, que fueron materia de campaña cuando Macri se comprometió a construir 3.000 si resultaba electo presidente, también sufrieron un recorte del 75% en términos reales entre 2017 y 2020. Esa promesa electoral, que en 2017 mutó en las “10.000 nuevas salas”, quedó incumplida al registrarse a fines de  2019 poco más de 1400 salas efectivamente construidas. La Educación Digital, bandera del modernismo macrista, representó en el presupuesto 2020 sólo un 13% de lo presupuestado en 2017. La lista podría seguir, pero a efectos de la extensión se resaltará como último punto lo destinado a los docentes. La partida para la Formación Docente estuvo congelada entre 2016 y 2020 en torno a los $ 1.4 millones, los cual implicó una caída real del 200% durante ese período a causa de la inflación. En términos salariales, durante el período 2016-2020, los recursos del Programa del Fondo Nacional de Incentivo Docente y Compensaciones Salariales descendieron un 34% en términos reales.

Otro dato del informe resulta esclarecedor sobre las causas de estos recortes, que a su vez evidencian las prioridades de este sector político. “En el año 2016, Argentina había presupuestado aproximadamente la misma cantidad de fondos para deuda que para educación. En 2020, los fondos para deuda están en una relación de 4 a 1 con respecto a aquellos destinados a educación. La relación deuda educación que surge de los presupuestos nacionales creció sin excepciones durante todo el período: 0,8 en 2016; 1,5 en 2017; 2,0 en 2018; 3,3 en 2019 y; 3,8 en 2020” señala el escrito, y no hace falta aclarar mucho más. Aunque Macri escriba twits y abra fundaciones  educativas, lo cierto es que en todas sus gestiones destruyó los recursos reales destinados a la educación.

AJUSTE HISTÓRICO EN LA PROVINCIA DE VIDAL

El recorte presupuestario entre 2016 y 2019 para educación en la PBA alcanzó los $64.709 millones, lo cual significó una caída del 27,1% con respecto a los números de la gestión anterior. “Desde la apertura democrática desde 1983, la educación en la provincia de Buenos Aires no sufría un ajuste estructural como el observado entre los años 2016 y 2019. Todos los indicadores de financiamiento educativo se vieron reducidos de forma conjunta e inédita en la historia de la educación de la provincia de Buenos Aires” expresó en su momento Agustín Claus, especialista en economía de la educación y autor de una serie de informes sobre la evolución de los presupuestos educativos y sus ejecuciones, que pueden consultarse en la web de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) “una organización independiente, apartidaria y sin fines de lucro que produce conocimiento y ofrece recomendaciones para construir mejores políticas públicas” según su propia definición.

Los números del desfinanciamiento educativo bonaerense durante la gestión Vidal han sido permanentemente denunciados por el gobierno de Kicillof, y tuvieron expresiones como el conflicto sindical docente más largo de la historia de la provincia, el cierre de más de 40 establecimientos educativos, y el imperdonable suceso de la explosión en la Escuela Nº 49 “Nicolás Avellaneda” de Moreno, que se cobró la vida de la vicedirectora Sandra Calamano y el portero Rubén Rodríguez. Las pésimas condiciones edilicias del establecimiento habían sido denunciadas al gobierno provincial unos meses antes, juntos con muchos otros casos similares de la provincia, frente a lo cual la única respuesta fue una inacción negligente que terminó en esa tragedia.

El PRO tiene en su ADN el marketing político. Por sus venas corre un talento inusual para la generación de discursos que aprovechen la coyuntura para sacar una tajada, independientemente de lo que muestre la realidad de sus acciones. La promesa de campaña de “pobreza 0” y la realidad de su incremente en diez puntos a lo largo del mandato Macri es tal vez el ejemplo más acabado de este modus operandis amarillo. Pero, aunque se entiendan las reglas del juego político, lo que no deja de sorprender es su falta absoluta de todo límite. En medio de una pandemia mundial y en el peor momento de ese proceso en el país, el macrismo hoy devenido en larretismo sigue fiel a su conducta de vender lo que haya que vender para desgastar al adversario, sin importar las consecuencias. Un accionar que se vuelve cada vez más peligroso, en una sociedad hiper polarizada, con el tsunami COVID llevándose todo puesto y el invierno y las elecciones por delante. 

Fuente: Diagonales

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