miércoles 19 de agosto de 2026 - Edición Nº2814

Locales | 18 ago 2026

SEGURIDAD

Más seguridad también implica cuidar a quienes deben garantizarla

El reclamo por mayor prevención y presencia policial es legítimo, pero abre una discusión que muchas veces queda relegada: las condiciones en las que trabajan los efectivos. Salarios, desgaste, equipamiento, descanso y salud mental también forman parte del debate sobre la seguridad.


 

 

La inseguridad genera una demanda concreta y legítima entre los vecinos del Partido de La Costa: más prevención, mayor presencia policial y respuestas rápidas frente al delito.

Ese reclamo no necesita demasiadas explicaciones. Cuando una persona sufre un robo, cuando un barrio reclama por la falta de patrullaje o cuando una familia siente que no está segura, la primera expectativa es que el Estado responda.

Pero detrás de esa exigencia aparece una discusión que durante mucho tiempo quedó en segundo plano: ¿en qué condiciones trabajan los policías a quienes se les exige brindar esas respuestas?

Un informe publicado recientemente por Mundo Gremial puso el foco sobre distintas dificultades que atraviesan integrantes de la Policía Bonaerense, entre ellas cuestiones salariales, bajas dentro de la fuerza, problemas para retener efectivos y situaciones vinculadas con la salud mental.

Sobre este último aspecto corresponde mantener especial prudencia. Algunas de las cifras relacionadas con suicidios mencionadas en ese informe surgen de fuentes consultadas por ese medio y no de estadísticas oficiales que permitan determinar con precisión la magnitud del fenómeno.

Pero más allá de los números, existe una discusión que merece ser tomada en serio.

“¿Qué hacemos para que los buenos policías quieran quedarse?”

La publicación generó repercusión también en La Costa. Marian Liñan, exintegrante de la Policía, compartió una reflexión que puso el foco sobre quienes están detrás del uniforme.

“Como ex policía, esta nota no me sorprende”, sostuvo.

Su planteo parte de una idea sencilla, aunque incómoda: la seguridad no puede discutirse únicamente después de un robo, un asalto o un episodio violento. También debe analizarse qué sucede antes y detrás de esas situaciones.

Un efectivo mal remunerado, endeudado, agotado, con poco acompañamiento y expuesto permanentemente a escenarios de presión también forma parte de la ecuación.

Hay policías que abandonan la fuerza porque los ingresos no alcanzan, porque las condiciones laborales no responden a las exigencias del trabajo o porque sienten que sus propios problemas no encuentran respuestas.

Y entonces aparece una pregunta que merece ser incorporada al debate público:

“¿Qué estamos haciendo para que los buenos policías quieran quedarse?”

No es una pregunta menor.

Una discusión que interpela especialmente a La Costa

En el Partido de La Costa, el planteo adquiere una dimensión particular.

La extensión territorial y las distancias entre localidades representan un desafío permanente. A eso se suma una característica que distingue al distrito de otros territorios bonaerenses: durante la temporada turística, la población aumenta de manera considerable y con ella también las demandas sobre los servicios públicos, incluida la seguridad.

Cada verano se repiten los pedidos de refuerzos, patrulleros y mayor presencia en las calles.

Pero quizá haya que incorporar otra parte de la discusión.

¿Cuánto cobra un policía? ¿Cuántas horas trabaja? ¿Con qué equipamiento cuenta? ¿Cómo descansa? ¿Qué sucede después de intervenir en una situación traumática? ¿Qué asistencia recibe cuando atraviesa un problema económico, familiar o psicológico?

No se trata de reemplazar el reclamo ciudadano por una mirada complaciente hacia la fuerza.

Los policías tienen la obligación de actuar profesionalmente, respetar la ley y responder ante cualquier abuso, exceso o mala práctica. La autoridad no puede ser sinónimo de impunidad, y exigir controles también forma parte de una sociedad democrática.

Pero una cosa no debería excluir a la otra.

Cuidar al policía también puede ser cuidar al vecino

Hablar de mejores condiciones laborales para los efectivos no significa pedir menos seguridad. En muchos casos, puede significar exactamente lo contrario.

Una fuerza con personal suficiente, capacitado, equipado y acompañado tiene mejores herramientas para responder frente al delito y para sostener una tarea que, por sus características, demanda mucho más que presencia física en una esquina.

Porque detrás de cada uniforme hay también un trabajador que cobra un salario, tiene una familia, acumula cansancio y enfrenta situaciones que muchas veces son extremas.

Por eso, la discusión sobre seguridad debería ser más amplia.

Los vecinos tienen derecho a reclamar una Policía eficiente y presente. Y el Estado tiene la obligación de garantizarla. Pero ese mismo Estado también debe preguntarse qué condiciones ofrece a quienes todos los días deben salir a la calle a cumplir esa tarea.

Como resumió Liñan en su reflexión, “cuidar al policía también es cuidar al vecino”.

Quizás el debate ya no deba limitarse a preguntar cuántos policías hacen falta en las calles.

También haya que preguntarse qué condiciones estamos dispuestos a garantizar para que los buenos policías quieran permanecer en ellas.

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