Entre bombos, colores y canciones, un grupo de jóvenes de la murga “Basta de Cháchara” acompañó este martes la marcha por la educación realizada en La Costa. Su presencia no pasó desapercibida. En medio del reclamo por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, aportaron algo más que música y ritmo: aportaron participación, compromiso y una señal de que la defensa de la educación pública sigue viva en las nuevas generaciones.
La imagen resulta poderosa porque rompe con ciertos prejuicios instalados sobre la juventud. Frente a quienes sostienen que los jóvenes viven alejados de la realidad social, ellos eligieron estar presentes, ocupar el espacio público y sumarse a una causa colectiva que los involucra directamente.
La educación pública representa para miles de jóvenes la posibilidad concreta de acceder a un futuro distinto. En muchos casos, la universidad no es solamente un lugar de formación académica, sino una herramienta de movilidad social, de construcción de identidad y de ampliación de derechos. Por eso, cuando el ajuste golpea sobre el financiamiento educativo, no afecta únicamente a las instituciones: afecta también las expectativas, los proyectos y las oportunidades de quienes sueñan con estudiar y progresar.
La participación de estos chicos en la marcha también habla de otra forma de construir ciudadanía. Lo hacen desde la cultura popular, desde la murga, desde el arte callejero y comunitario. Allí donde muchas veces la política tradicional no logra convocar, aparecen expresiones culturales capaces de unir, emocionar y generar conciencia colectiva.
La murga se transforma entonces en mucho más que un espectáculo. Es identidad barrial, encuentro y también una manera de decir presente frente a las dificultades. Cada redoblante y cada color parecen recordar que defender la educación pública no es una consigna vacía, sino la defensa de un derecho esencial para construir una sociedad con más igualdad.
En tiempos de incertidumbre económica y recortes, la escena deja una reflexión necesaria: cuando los jóvenes participan, la sociedad encuentra una esperanza. Porque allí donde hay organización, cultura y compromiso, todavía existe la posibilidad de imaginar un futuro mejor.