San Clemente del Tuyú. Con la llegada del verano, miles de turistas colman las playas de la costa argentina. Este movimiento estacional trae consigo un fenómeno que crece año tras año: los encuentros entre personas y fauna marina en la playa, situaciones que, aunque generan asombro o ternura, pueden poner en riesgo tanto a los animales como a los humanos.
Durante los primeros días de enero, un elefante marino que descansaba en la arena se vio obligado a regresar al mar de manera abrupta debido a la presencia masiva de personas y al uso de pirotecnia durante los festejos de Año Nuevo. El episodio volvió a poner en evidencia cómo el ruido, la falta de información y el acercamiento indebido alteran el comportamiento natural de estas especies.
En los últimos años, varios hechos de alto impacto mediático ayudaron a visibilizar esta problemática. En 2025, la imagen de un delfín franciscana sacado del agua y rodeado de curiosos causó conmoción nacional. El caso recordó un episodio similar ocurrido en 2016, cuando otro ejemplar murió tras ser retirado del mar para sacarse fotos.
La playa es un espacio compartido: muchas especies marinas la utilizan de manera natural para descansar, reproducirse o mudar su pelaje, mientras que otras llegan a la costa solo cuando están debilitadas o atraviesan alguna afección.

Los lobos marinos y elefantes marinos —pinnípedos que habitan nuestras costas— suelen salir a la arena para descansar, reproducirse o realizar la muda. Si el animal se ve saludable, con buen peso y tranquilo, lo indicado es mantener distancia, no tocarlo y evitar que las mascotas se acerquen.
En cambio, si presenta heridas visibles, restos de plástico o redes en su cuerpo, está acompañado de una cría o se lo nota debilitado, es fundamental dar aviso a un centro de rescate para que realice el monitoreo correspondiente.
Por otro lado, la presencia de pingüinos o cetáceos (delfines, franciscanas o ballenas) en la playa es siempre una señal de alerta, ya que estas especies solo llegan a la arena cuando están enfermas, desorientadas o con algún problema de salud. En estos casos, la intervención profesional es indispensable.
“La principal indicación es no tocar y no molestar al animal en ninguna circunstancia”, explicó Sergio Rodríguez Heredia, biólogo y responsable del Centro de Rescate de la Fundación Mundo Marino.
“Cualquier interacción genera estrés, y si el ejemplar está atravesando un problema de salud, ese estrés agrava su situación. Mojarlo, tocarlo o acercarse demasiado puede provocarle un desorden térmico, hacerlo regresar al mar de forma brusca o aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades”, detalló.
1. Pinnípedos (lobos y elefantes marinos)
2. Pingüinos
3. Cetáceos (delfines, franciscanas y ballenas)
Proteger a la fauna marina es una responsabilidad compartida. La costa no es solo un espacio recreativo, sino también un hábitat vital para muchas especies. Un acercamiento indebido puede causar estrés, lesiones o complicar la recuperación de animales vulnerables.
La Fundación Mundo Marino trabaja en red con organizaciones, guardavidas, Defensa Civil, Prefectura Naval y áreas ambientales municipales y provinciales, lo que permite una respuesta rápida y segura. Sin embargo, el rol de la comunidad es clave: una ciudadanía informada evita intervenciones riesgosas y facilita el trabajo de los equipos especializados.
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