La playa de San Bernardo volvió a encenderse este domingo con una de las tradiciones más profundas y emotivas de la Costa Atlántica: la antorchada de guardavidas.
Lejos de ser solo una caminata con fuego en la noche, este ritual representa un homenaje a los guardavidas que ya no están, un símbolo de hermandad entre generaciones y un acto de bienvenida a los más jóvenes, a través del llamado “paso de la llama”. Esa antorcha encendida simboliza la vocación, el compromiso y la responsabilidad de cuidar vidas en el mar.
Cada llama recuerda que ser guardavidas es mucho más que un trabajo: es una elección de vida marcada por la solidaridad, el sacrificio y el compañerismo. La tradicional entrada al mar, con el fuego reflejándose en el agua, se convirtió en uno de los momentos más intensos de la jornada, donde el silencio expresó más que cualquier palabra.
Memoria, respeto, unión y orgullo guardavidas se fundieron en una ceremonia que se repite cada verano y que sigue conmoviendo a vecinos y turistas.
Una tradición que reafirma que hay llamas que no se apagan nunca.