Durante los primeros minutos del 1° de enero, un elefante marino que se encontraba descansando en playas de San Bernardo se vio obligado a huir abruptamente hacia el mar tras escuchar el estallido de fuegos artificiales lanzados por la celebración de la llegada del 2026.
El animal había salido en reiteradas ocasiones a la costa durante los últimos 15 días para realizar la muda de su piel, un proceso natural que requiere permanecer fuera del agua y en reposo. Por ese motivo, era monitoreado y protegido diariamente por voluntarios de la organización Rescate Fauna Silvestre, quienes se encargaban de delimitar la zona y evitar que turistas se acercaran o lo molestaran.
Sin embargo, pese a que la pirotecnia se encuentra prohibida, durante la medianoche se registró una gran cantidad de fuegos artificiales en distintos puntos de la Costa Atlántica. Las fuertes detonaciones generaron una situación de estrés en el elefante marino, que terminó huyendo despavorido hacia el agua.
Desde las organizaciones de protección animal remarcaron que este tipo de episodios no solo afectan a los elefantes marinos, sino también a otras especies de fauna marina y aves costeras, que pueden desorientarse, lesionarse o abandonar zonas de descanso esenciales para su supervivencia.
El hecho volvió a poner en debate el cumplimiento de la prohibición del uso de pirotecnia y la necesidad de generar mayor conciencia sobre el impacto ambiental de los festejos, especialmente en zonas donde la presencia de fauna silvestre es cada vez más frecuente.