Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u398084620/domains/faronoticias.com.ar/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 46

Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u398084620/domains/faronoticias.com.ar/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 46

Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u398084620/domains/faronoticias.com.ar/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 49

Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u398084620/domains/faronoticias.com.ar/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711

Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u398084620/domains/faronoticias.com.ar/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711
La derrota de un hombre que creyó ser el mundo - Faro Noticias diario digital de San Clemente Tuyú, Partido de la Costa y zona atlántica

INTERNACIONALES | 5 NOV 2026

ELECCIONES EN EE.UU

La derrota de un hombre que creyó ser el mundo

La derrota de Trump en las elecciones de medio término no es solamente un revés político: es una señal de que el poder, incluso cuando parece absoluto, puede encontrar límites



Por Sol Mazur*

Hay algo profundamente humano en la derrota de quienes se acostumbraron a creer que el poder les pertenecía. No porque hayan perdido una elección, sino porque durante un tiempo consiguieron convencernos de que no existía nada fuera de ellos. Donald Trump construyó buena parte de su fuerza sobre esa ilusión: la de un hombre capaz de ocuparlo todo, de convertir su voluntad en medida de la realidad, de hacer que el mundo entero pareciera una extensión de su propia personalidad.

Pero las elecciones tienen esa particularidad: a veces, de manera inesperada, devuelven las cosas a su tamaño.

La derrota republicana en las elecciones de medio término abre una grieta en esa imagen de invulnerabilidad. No es solamente un revés para Trump. Es una señal de que el miedo, la propaganda y la exaltación permanente de un líder no alcanzan para borrar indefinidamente las preocupaciones de quienes viven bajo sus decisiones. La economía, el costo de la vida, la desigualdad, la violencia y la incertidumbre siguen existiendo incluso cuando un presidente intenta reemplazarlos por su propia voz.

Hay algo que me interesa especialmente de este resultado: la posibilidad de que una sociedad vuelva a reconocer que no está condenada a obedecer el relato que le ofrecen.

 

 

Durante estos años, el avance de la extrema derecha produjo una sensación difícil de explicar. No era solamente preocupación por las políticas concretas, sino una especie de agotamiento moral. La impresión de que debíamos acostumbrarnos a la crueldad, a la humillación del adversario, a la mentira convertida en estrategia, a la destrucción de aquello que parecía haber sido conquistado después de tantas luchas. Como si la democracia fuera una habitación que alguien pudiera ir vaciando lentamente mientras nosotros seguíamos viviendo dentro.

La derrota de Trump interrumpe, al menos por un momento, esa resignación.

Y eso importa mucho más allá de Estados Unidos.

Importa para quienes en Europa enfrentan el crecimiento de fuerzas autoritarias. Para quienes en América Latina observan cómo los discursos de odio se presentan como una forma de libertad. Para quienes sienten que la política internacional se ha convertido en una disputa entre hombres poderosos que hablan de grandeza mientras las vidas concretas de millones de personas se vuelven cada vez más precarias.

Importa también porque demuestra que el poder no es una propiedad natural. No pertenece a un hombre por haber conseguido que millones lo miren. No es una fuerza eterna. Puede perderse. Puede ser cuestionado. Puede encontrar límites.

Quizás lo más importante sea recordar que una derrota electoral no transforma automáticamente el mundo. Trump sigue siendo una figura poderosa, las instituciones siguen enfrentando amenazas y las ideas que alimentaron su ascenso no desaparecen porque los resultados de una noche hayan cambiado. La democracia no se recupera de una vez y para siempre. Hay que defenderla incluso cuando parece estar a salvo.

Sin embargo, algo se mueve cuando quienes se sentían invencibles descubren que ya no lo son.

Pienso en las personas que votaron contra Trump. En quienes llegaron a las urnas con la sensación de que estaban defendiendo algo más que una preferencia política. Tal vez estaban defendiendo la posibilidad de vivir sin tener que aceptar que el desprecio sea una forma legítima de gobierno. La posibilidad de que sus hijos crezcan en un mundo donde la diferencia no sea una amenaza, donde la política no consista en encontrar a quién odiar para justificar el propio fracaso.

Hay una esperanza que no tiene nada de ingenua. Es una esperanza que conoce el peligro, que sabe que las derrotas pueden ser temporales y que los autoritarismos no desaparecen por vergüenza. Pero también sabe que las sociedades conservan una capacidad de reacción que los líderes suelen subestimar.

A veces, esa capacidad aparece cuando menos se la espera.

La historia no avanza siempre hacia un lugar mejor. Sería absurdo creerlo. Pero tampoco está obligada a repetir eternamente sus peores momentos. Entre una cosa y otra existe una voluntad colectiva, hecha de decisiones pequeñas, de organización, de memoria, de personas que se cansan de vivir bajo el mandato del miedo.

La derrota de Trump no significa que el mundo haya encontrado finalmente la respuesta. Significa que una parte de ese mundo decidió que todavía podía hacer una pregunta diferente.

Y quizás eso sea lo que hoy necesitamos celebrar.

No la caída de un hombre como espectáculo, ni la ilusión de que el peligro terminó. Sino el hecho de que millones de personas hayan recordado que el poder también puede ser enfrentado, que la democracia todavía puede producir una sorpresa, que incluso en los momentos más oscuros hay algo que no termina de entregarse.

Por un instante, el mundo parece un poco menos inevitable.

Y esa sensación, en estos tiempos, ya es una forma de esperanza.

 

*Faro Noticias